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El amor de los Padres


Los hijos son al mismo tiempo un gran regalo y una gran responsabilidad dada por Dios para mostrarnos lo mucho que nos ama.

Ellos son como un espejo que refleja las fortalezas y debilidades de sus padres, llenando os de orgullo, pero también abriendo nuestros ojos para ver nuestras carencias y moldear nuestro carácter.

Al vivir lo que significa el ser padres, comenzamos a comprender borrosamente la inmensidad del amor, el perdón, la protección y el cuidado que nuestro Padre Celestial quiere darnos, pues si nosotros siendo humanos imperfectos, queremos darle cosas buenas a nuestros hijos, cuanto más nuestro Dios y Padre que es puro amor.

Conforme a su perfecta voluntad y su gran amor, Dios a dado a algunos el placer de ser padres, pero debemos recordar que es nuestra responsabilidad el encaminarlos por caminos de verdad y justicia, obediencia y rectitud, misericordia y amor, pero sobre todo santidad y comunión con nuestro señor y Dios, creador y proveedor, sanador y liberador, quien dio en sacrificio a su propio hijo por puro amor.

Nuestro ejemplo es la mejor forma que tenemos de mostrarles lo que es el bien y el mal, a fin de que sabiendo diferenciarlos elijan el bien y se aparten del mal. No creamos que bastan nuestras palabras, pues ellos aprenderán primeramente de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que les hacemos sentir, antes de tomar en cuenta lo que les decimos.

Por tanto, debemos cuidarnos de vivir vidas integras y consistentes, en las que nuestras palabras y nuestros actos sean reflejen el mismo carácter de vida, para que así, cuando ellos nos escuchen sepan que pueden confiar en lo que les decimos al ver que nuestras palabras acompañan a nuestros actos.

Al entender esto, podremos entender que nuestros hijos son como espejos que reflejan el carácter de sus padres, proyectando bendiciones o maldiciones según sea nuestra vida y nuestra manera de tratarlos.

Si vivimos en rectitud, amor, obediencia, santidad, verdad y amor, eso mismo veremos reflejado en la vida de nuestros hijos. Mientras, que si vivimos vidas perversas, rencorosas, egoístas, iracundas, engañosas, infieles y desobedientes, no debemos esperar cosechar algo diferente a lo que hemos sembrado.

Es por esta razón que debemos esforzarnos en vivir vidas santas, que reflejen por sobre todo el amor de Dios y el carácter de su hijo, buscando que cristo crezca en nosotros y nuestra carne mengue, ya que nuestros hijos reflejaran  en alguna medida lo que vean en nosotros y si ven a cristo en nosotros, los habremos ayudado a vivir vidas que reflejen de mejor forma su carácter.

Al mismo tiempo debemos tener en cuenta que ellos tomaran de nosotros (sus padres terrenales) un ejemplo de lo que esperan de Dios (su padre celestial) durante sus primeros pasos en la fe.

Por todo esto, debemos ser intencionales en buscar la santidad que Dios nos pide, recordando que no estamos solos ya que tenemos al mismo Dios que esta cerca para todos aquellos que lo buscan de corazón. El esta ahí para darnos de su fortaleza, sabiduría, rectitud, misericordia, justicia, perdón, fidelidad y amor, para que te guíen y dirijan tus pasos.

Dios esta cerca de nosotros y quiere establecer una relación intima con nosotros, a fin de ayudarnos a avanzar en nuestro caminar, entendiendo su voluntad para nuestra vida y reconociendo su mano poderosa en cada área de nuestras vidas, llenándonos de paz, gratitud y confianza y eliminando la duda, el temor, y la incertidumbre que nos aleja de su propósito.

De igual forma, debemos instar a nuestros hijos a tener una relación cercana con Dios, al tener una comunicación intima y cercana con Él en todo tiempo, por medio de la oración, la alabanza, la meditación en su palabra y la búsqueda de la verdad.

Tener una relación intima con nuestros hijos, estando disponibles para escucharlos y compartir con ellos cuando lo requieran, les ayuda a entender el valor de dicha relación. Es durante estos tiempos que debemos enseñarles a acercarse al Padre Celestial y buscarlo. Si ellos nos ven hacerlo constantemente, ellos mismos lo harán sin que tu tengas que pedírselo, pero para ello debes garantizar que sientan afinidad contigo para que anhelen tener lo que nosotros tenemos y ser lo que nosotros somos.

Por último, pero no menos importante, debemos hacerles saber que somo humanos imperfectos y que a veces nos equivocamos y actuamos erradamente, pero que nuestro Dios y Padre es perfecto y que pueden estar confiados que de Él siempre recibirán el bien, la justicia y la verdad. Que Él esta siempre disponible para abrazarte y cubrirte con su poder, su sanación, su liberación y su consuelo, si lo buscamos con todo nuestro corazón.

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