Los hijos son al mismo tiempo un gran regalo y una gran responsabilidad dada por Dios para mostrarnos lo mucho que nos ama. Ellos son como un espejo que refleja las fortalezas y debilidades de sus padres, llenando os de orgullo, pero también abriendo nuestros ojos para ver nuestras carencias y moldear nuestro carácter. Al vivir lo que significa el ser padres, comenzamos a comprender borrosamente la inmensidad del amor, el perdón, la protección y el cuidado que nuestro Padre Celestial quiere darnos, pues si nosotros siendo humanos imperfectos, queremos darle cosas buenas a nuestros hijos, cuanto más nuestro Dios y Padre que es puro amor. Conforme a su perfecta voluntad y su gran amor, Dios a dado a algunos el placer de ser padres, pero debemos recordar que es nuestra responsabilidad el encaminarlos por caminos de verdad y justicia, obediencia y rectitud, misericordia y amor, pero sobre todo santidad y comunión con nuestro señor y Dios, creador y proveedor, sanador y liberado...