¿Dónde esta el hombre que busca a Dios?, y ¿Dónde esta aquel que anhela en su corazon la compañía de su Padre Celestial cada día de su vida?.
Como hijos en la adolescencia, preferimos ocupar nuestros tiempo en nuestros gustos y placeres, compartiendo con nuestros amigos y divirtiéndonos con ellos.
Viviendo nuestras vidas confiadamente y sin preocupación pues no tenemos que preocuparnos de aquello que nuestro Padre nos provee, y ni siquiera se lo agradecemos.
Acudimos a Él solo cuando necesitamos algo o tenemos algún problema, buscando su ayuda y provisión, buscando que nos defienda y nos sane. Y luego seguimos con nuestra vida.
Pero cuando el Padre Celestial nos llama para hablar, corregirnos, guiarnos o hasta abrazarnos, lo despreciamos o tratamos de mantener al mínimo el tiempo que ocupamos para ello, porque tenemos cosas "más importantes" que hacer.
Bien dice su palabra que seamos como niños, buscando nuestro primer amor. Porque los niños buscan estar con su Padre y compartir con Él, compartir con Él sus actividades y su tiempo, porque nunca es suficiente o demasiado.
Algunos cristianos dirán que son distintos, pero la realidad es que son muy pocos los que tienen a Dios presente en cada momento de sus vidas y lo buscan no solamente los domingos por una o dos horas.
Despertemos y comprometámonos con nuestro Señor y Dios. Él nos dio, nos da y nos dará todo lo que tenemos, lo que somos y lo que podemos, por lo que merece todo de nosotros: nuestro amor, nuestra gratitud, nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestros pensamientos, nuestras posiciones y nuestra compañía.
Busquémoslo hoy y recibamos de Él lo que nos ha preparado en obediencia y con gratitud, a veces lo disfrutaremos y otras veces no, pero podemos estar seguros que siempre será para nuestro bien, porque proviene del amor infinito y perfecto de nuestro Padre Celestial.
Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Hebreos 12:11
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