UN MENSAJE PARA LA IGLESIA
Los mensajes a las iglesias dados por Jesús y escritos por Juan en los capítulos 2 y 3 de apocalipsis son una muestra del estado de la iglesia desde la su primera venida hasta su regreso.
Estas cartas al estar contenidas dentro del libro de Apocalipsis, están escritas en un lenguaje simbólico y debe ser interpretado de esa manera y no de forma textual.
Muestra la evolución que tendría, destaca lo bueno y lo malo, las bendiciones y maldiciones que recibiría por su manera de actuar.
De cada una de ellas podemos aprender para no cometer los mismos errores y buscar las cosas que nuestro señor valora y elogia.
Son mensajes dados a nosotros, para que los recibamos en nuestras propias vidas con HUMILDAD y no para mirar la paja del que está a nuestro lado. Ante Dios todos somos igual de pecadores, porque el pago por el pecado (pequeño o grande) es el mismo, así que todos somos igual de culpables.
Estamos en los tiempos finales, destacados en la carta a la iglesia a Laodicea, que representa el estado actual de los creyentes (no las congregaciones, instituciones o denominaciones) en la actualidad. Es un mensaje para nosotros y no para los que están en el mundo, es un mensaje para los que dicen buscar a Dios en sus vidas.
En ella nos habla de como vivimos una vida dual en la que buscamos las cosas Celestiales y Terrenales al mismo tiempo pero no fervientemente. No estamos aferrados a las cosas del mundo, pero tampoco a las cosas Celestiales (somos tibios).
Nos habla de la riqueza y la pobreza espiritual, de como muchos creemos ser muy justos ante los ojos de Dios, pero no nos damos cuenta de la inmundicia que cargamos y lo ignorantes que somos al respecto.
Nos insta a buscar las cosas más valiosas, que vienen acompañadas de fuego del espíritu pero que son forjadas en las tribulaciones, para lo cual debemos abrir nuestros ojos y recibir las vestiduras blancas (sin pecado) que Jesús nos ofrece para cubrir la inmundicia que llevamos y estar bien vestidos para las bodas.
Si somos diligentes, nos arrepentimos y nos volvemos al Padre de todo corazón, dejando entrar a Jesús en nuestras vidas como una amigo muy cercano, seremos vencedores y recibiremos el regalo prometido en la gracia del amor perfecto de Dios.
LES INSTO A QUE REVISEMOS NUESTRAS VIDAS EN HUMILDAD Y RETORNEMOS AL CAMINO ESTRECHO QUE NOS LLEVA AL PADRE
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